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martes, 12 de noviembre de 2013

Ropert Cabezón

Apunte 6391-01 para ser muy mejorado con los aportes de todos - versión: 2013-11-10

Román Cabezón Bergasa /1

Su muerte revitaliza
en muchos de
nosotros
la germinación del amor
heroico,
que con su consistente
conducta práctica de
vida,
él plantó entre los que
tenemos la suerte de
convivir con él../2

Ese amor heroico es de
lo mejor que se
puede vivir,
Consiste en producirle
a otro ser humano
concreto, de carne y
hueso,
la sensación de ser
querido,
incondicionalmente. /3

Consiste en que
cualquier cosa que
sea lo que uno crea
que el otro es,
Cualquiera que sea lo
que uno cree que
otro hace,
Cualquiera que sea lo
que uno cree que
otro dice,
El otro recibe, del que
lo ama
heroicamente, una
crítica y castigo
desde dentro. /4

El amor heroico,
Es cuando el más
adolorido por la
crítica o el castigo
que está ocurriendo,
es el que critica o
castiga y no el que
sufre el castigo..
El que ama
heroicamente no se
desubica en preferir
mantenerse como
mero acompañante,
a como juez. /5

Amar en forma heroica
es criticar y castigar
a otro,
por hacerlo todo mal,
Estando mucho más
real, sincera e
intensamente
preocupado,
del otro que de uno
mismo. /6

Es criticar y castigar,
solo hasta dónde al
otro le es posible
mejorar.
Es hacerlo con mucho
menor padecimiento
del otro que propio,
por lo que uno supone
que ocurre /7.

Cabezón Otero

Abuelo,

En este momento estoy físicamente muy lejos, pero emocionalmente he vivido estos últimos días en Chile. Me rompe el alma no haber estado ahí.

Nacimos y vivimos en dos mundos completamente distintos. Tu naciste en 1914, yo en 1991. Te tocó ver toda mi vida, a mi muy poco de la tuya. Tu ya habías vivido prácticamente todo, cuando yo no había vivido absolutamente nada.  Tu empezaste tu decaimiento físico cuando yo empecé mi crecimiento. Tu empezaste a olvidar, yo a aprender. Me duele mucho, me duele mucho que nos haya tocado vivir en momentos diferentes. Me duele acordarme cuando me decías “socio”, porque me hubiera gustado que durara más. Me duele acordarme de cuando íbamos a pescar en riñihue, yo sujetaba la caña y tú remabas por todo el lago, porque me gustaría que se siguiera repitiendo. Me dolía y me duele acordarme de cuando tu voluntad quería estar presente y tu físico te lo impedía. Me duele acordarme de tu cara de felicidad cuando nos veías en la piscina, de acordarme cuando me enseñaste a tirarme calvados. Me duele acordarme de los almuerzos de los sábados cuando participabas activamente, porque  me gustaba tus participación y es algo que no se va a volver a repetir. Me duele que cuando yo podía participar de la conversación, tu ya no podías.

Sin embargo Abuelo, este tiempo fue suficiente. Te tengo un cariño enorme. Ahora entiendo tus palabras en tus cumpleaños, ahora entiendo tus retos, ahora valoro que no hayas faltado a ningún cumpleaños, premiación de fin de año y almuerzo de los sábado. Cada vez me doy más cuenta de la influencia que tuviste en mi. Me contagiaste ese amor incondicional por la U. Me contagiaste ese amor por entender el mundo. Cada vez dedico más tiempo a leer libros de física, matemática y ciencias en general. Me contagiaste ese compromiso por la familia, de estar presente en los momentos importantes del otro. Me contagiaste ese amor por la vida, de disfrutar cada comida, cada caminata, cada partido de fútbol que veíamos en la televisión, cada buena nota de tus nietos, cada minuto que nos veías a nosotros disfrutando. Y lo más importante educaste a mi papa, que ahora que estoy lejos de mi casa me doy cuenta que no podría haber tenido a uno mejor.

Gracias y te prometo que a través de tu influencia vas a seguir vivo en mí.

Adiós Abuelo.

Me despido, Francisco

Cabezón Jasen

Es verano, un día caluroso y como todos los domingos, estas con nosotros en nuestra casa.  Te veo sentado en la terraza leyendo el diario, metódica y cautelosamente sin pasar ninguna noticia de largo. Yo y mis hermanas nos bañamos en la piscina.  Me tiro un piquero al agua, desarmado y descoordinado, despreocupado como el niño de 13 años que era en ese entonces. Me doy cuenta que me estás mirando detenidamente, y te paras a enseñarme cómo realmente se tiran los piqueros, con la autoridad de un ex campeón de natación. Ya no recuerdo cuantas veces fueron hasta que al fin, saliera perfecto como a ti tanto te gustaba.

Ahora entiendo, luego de unos años, como en esos pequeños detalles te mostrabas tal cual eras, ya que eran esas cosas la base de lo que fueron tus exitosos 99 años como hijo, hermano, padre, abuelo y macanudamente bisabuelo. Nada en tu vida fue suerte, detrás de todos tus logros hubo esfuerzo, perseverancia e infinita responsabilidad, reflejados en tus más de 60 años trabajando como ingeniero.

Abuelo, fuiste el motor de la avioneta en la cual tu familia estuvo a bordo, marcando profundamente a toda una generación de nietos, los cuales seguiremos viviendo orgullosamente bajo tu legado. Fotografiaste cada momento importante de tus 15 nietos, caracterizándote siempre por tu extrema puntualidad, tus impecables ternos e inconfundibles perfumes.

Pero como olvidarnos de tus famosas frases:
-“Hola, ¿Qui-hubo?
-“!Esto está como la mona,  calienta como diablo!”.
-“Está macanudo el aparato”.

Abuelo, sé que nos volveremos a ver, y recuerda que no has muerto, solo despertaste del sueño de la vida.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Don Román ha dejado de partir

LES VOY A LEER UNA CARTA ESCRITA POR MI HERMANA ISIDORA, QUE HOY NO PUEDE ESTAR CON NOSOTROS. LA HE LEÍDO DETENIDAMENTE Y LA SIENTO COMO UNA CARTA ESCRITA TAMBIÉN POR MÍ…

10 de noviembre de 2013


Voy a hacer una confesión: pensé muchas veces en este momento, pero nunca pensé que sucedería cuando yo estuviese lejos. Muchas veces cuando me despedía de ti pensaba: “¿será ésta la última vez que lo vea?”… y por supuesto, siempre había un mañana. Aunque suene extrañamente ridículo, estábamos acostumbrados a que estuvieses vivo. El hombre más fuerte y más antiguo que jamás nunca conocí, marcando mi vida y la de mis hermanos de manera radical.

Abuelo: fuiste para nosotros leyenda en vida, pero sobre todas las cosas, el hombre que siempre nos ancló a la memoria de nuestro papá. Otro tremendo hombre que nos dejó demasiado pronto y que hasta el día de hoy echamos de menos, pero que de cierta manera nos acostumbramos a que estuviese lejos… así como nuestro padre se fue temprano, nuestro abuelo se tenía que ir tarde… y esa tarde llegó. Y aquí estamos. Todos sabíamos que iba a llegar, pero en el fondo uno nunca está preparado para la partida de alguien que quiere…

Así que hoy, a través de la voz de mi hermano, trato de encontrar las palabras que honren y agradezcan todo lo que tú abuelo, fuiste para nosotros. Y por supuesto las palabras son mezquinas para  abarcar lo que significaste para mis tres hermanos y mi mamá.

Me tranquiliza saber que te dimos muchas veces las gracias por todo; por querernos y cuidarnos, por exigirnos y acompañarnos. Por hacernos cariño, por estar SIEMPRE ahí, sin cuestionamientos, sin excusas. Por hablarnos de nuestro papá. Por permitirnos que Algarrobo fuese parte de nuestra infancia, juventud y adultez… por compartir con nosotros tu castillo frente al mar. Castillo que disfrutamos contigo, la abuela y la María Elena incansablemente: aprendiendo a remar en el bote rojo, haciendo perfumes con los aromos, jardineando las hortensias y petunias, yendo de paseo al bosque del Canelo, anotando helados en la cuenta del kiosko de la Rita, almorzando en Los Patitos y en “Los Hornitos” con tu querido Anselmo.

Tus pecas en las manos,  tus corn-flakes al desayuno, el infaltable kétchup en la mesa, tus cámaras de fotos, las  tardes de diapositivas, tus trenes eléctricos de la casa de Carlos Antúnez (que eran para nosotros el mejor tesoro), la buhardilla… la abuela -tu Estercita- y la más fiel y profundamente cariñosa María Elena; nuestra tía adorada que nos ha querido y cuidado siempre como hijos… Gracias María Elena a ti también por dejarnos crecer junto a ustedes.
Y aquí estamos, enfrentados una vez más al misterio de la muerte, tratando de entender qué nos pasa ante este abismo de incertidumbres, pero con la tranquilidad de saber que te fuiste de la mano de tu hija, a los brazos de tu mujer y tu querido hijo… En eso confiamos.

Y nos quedamos llenos de ti, abuelo; llenos de tus macanudas historias, de tu malgenio y de tus galanterías.  Nos quedamos llenos, pero igual nos sabe a poco ahora. Ahora que sabemos que tenemos que grabar con  bronce todo lo que vivimos contigo para que no se nos olvide. Para que el tiempo no nos juegue una mala pasada, para aprender de tus errores y aciertos. Porque te equivocaste, pero vaya que acertaste también… porque no tuviste miedo en probar, en salir, en aprender, en innovar. Porque hasta el día de hoy con mis hermanos contamos con orgullo historias tuyas –como que le diste la mano a Neil Armstrong o que fuiste de los primeros en Chile en esquiar en agua-, pero también que con el paso de los años te fuiste convirtiendo en un abuelo cada vez más dulce y tierno.

Gracias.

Gracias por estar tan cerca de mí, de mis hermanos y de nuestra mamá.

Gracias por conocer a nuestros hijos, tus primeros bisnietos: Román y mi deliciosa Noemí.
Aprendimos contigo y de ti: ojalá podamos ser con nuestros nietos, como tú fuiste con nosotros.

Larga vida para el hombre más fuerte que hemos conocido.

Estás con nosotros siempre.

Y ya te echamos de menos.

Va a ser muy difícil acostumbrarnos a no tenerte tan cerca.

Te quiero abuelo Román. Te quiero mucho mucho mucho.

Isidora

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DON ROMA, CÓMO YO LE DECÍA ALGUNAS VECES, FUISTE PARA MÍ UN MODELO DE HOMBRE, CUANDO MI PADRE NO ESTUVO ME CONTASTE SOBRE ÉL Y DE TI MISMO TUVE EL PARÁMETRO DE TODO LO QUE QUISE SER CUANDO GRANDE: PROFESIONAL, RECTO, CABALLERO, COMPAÑERO, FOTÓGRAFO, AMIGO,  INGENIERO, PAPÁ… ME ENSEÑASTE A JUGAR CON TRENES Y A BUSCAR EL MEJOR ÁNGULO PARA FOTOGRAFIAR LA ISLA DE LOS PINGUINOS O LA MARINA. PARA MI ERES INVENCIBLE Y VIVIRÁS SIEMPRE EN LO QUE MAS QUIERO.


TANTO TE QUIERO ABUELO, QUE A MI HIJO LE PUSE TU NOMBRE…


 Ignacio